¿Por qué los inhibidores selectivos de la recaptura de serotonina cambiaron a la psiquiatría?
A principios del siglo XX el tratamiento de la depresión era difícil de administrar. Se utilizaban terapias como el coma inducido por insulina o sustancias químicas, así como la terapia electroconvulsiva. Aunque estos tratamientos eran efectivos, sólo podían ser administrados en un ámbito hospitalario, por lo que los pacientes tenían que permanecer internados. Los tratamientos farmacológicos incluían barbitúricos, anfetaminas y opioides, que no tenían una eficacia significativa.1
Incluso, la psiquiatría tenía un enfoque psicoanalítico, donde la depresión era una forma de externalizar un conflicto por un trauma interno y se consideraba que los tratamientos que no siguieran este dogma eran un error, ya que no permitían a los pacientes descubrir las raíces verdaderas de sus conflictos internos.1
El uso de fármacos para el tratamiento de la depresión permitió dar tratamiento a los pacientes fuera del hospital psiquiátrico, con lo cual los pacientes que no tenían un padecimiento que amerita internamiento; ahora podían ser tratados ambulatoriamente, al mismo tiempo, la mejora de la respuesta permitió una mayor aceptación y apego al tratamiento.
Los primeros antidepresivos fueron encontrados casualmente; estas sustancias fueron intentos fallidos de cubrir otras necesidades médicas, como anestésicos, antipsicóticos o antituberculosos. Los SSRI representaron un cambio importante ya que fueron los primeros antidepresivos desarrollados de manera racional y dirigida con base en un estudio profundo de la química cerebral.3
La efectividad, velocidad de respuesta, facilidad de administración, seguridad, baja interacción con alcohol y bajo índice de efectos adversos volvieron a los SSRI los fármacos de elección de médicos y pacientes. No sólo son útiles en adultos, también son efectivos y seguros en niños, adolescentes, adultos mayores y mujeres embarazadas.3
La teoría serotoninérgica la Fluoxetina
El laboratorio Eli Lilly comercializó el primer SSRI: la fluoxetina. El científico principal fue Ray Fuller. Llama la atención que Fuller creció en un pueblo rural de Illinois, sin electricidad ni drenaje. Para pagar sus estudios universitarios de química, trabajó como asistente en un hospital psiquiátrico, donde ayudaba en la administración de la terapia electroconvulsiva. Su interés por la falta de conocimiento del funcionamiento cerebral lo llevó a estudiar bioquímica y, ultimadamente, aceptar una posición en el área de investigación de Eli Lilly.4
Para que un fármaco sea efectivo, debe ejercer su efecto en un sitio específico, puede ser un receptor, una enzima u otro blanco. En el caso de los SSRI, este blanco es una “bomba” en la neurona, que se encarga de tomar la serotonina que se encuentra en el espacio entre las neuronas para reciclarla; al bloquear su función, la serotonina permanece más tiempo en este espacio y mejora el estado del ánimo.3
El desarrollo de la fluoxetina se basó en el razonamiento de que, la depresión, era una consecuencia de la disminución de la serotonina en ciertas áreas del cerebro. Esta aproximación se basó en los hallazgos de estudios de sangre, en los cerebros de personas tratadas con terapia electroconvulsiva, en los cerebros de personas que habían fallecido por suicidio y en los efectos cerebrales de los primeros antidepresivos.1
En 1980, Eli Lilly comenzó a efectuar ensayos clínicos con Fluoxetina y para finales de este periodo comenzó su comercialización. El éxito notable llevó a que laboratorios como Lundbeck, Solvay, Novo Nordisk y Pfizer desarrollaran sus propios SSRIs: Citalopram, Fluvoxamina, Paroxetina y Sertralina, respectivamente. Se estima que estos medicamentos han salvado la vida de millones de pacientes en todo el mundo.1